Nadie vio cuándo y dónde secuestraron a Jorge Matteucci. Tampoco en qué momento arrojaron su cuerpo a unos pastizales de La Aguadita. Los asesinos no dejaron rastros. Incluso, se llevaron todo lo que tenía la víctima: su billetera, algunas joyas y hasta su teléfono celular.
Este último dato no es menor para los investigadores. Saben que, antes del crimen, la supuesta mafia debió haber advertido por alguna vía al empresario. Y, por eso, casi todas sus fichas están puestas en las comunicaciones que efectuó Matteucci semanas antes del hecho.
El hombre desapareció el 18 de diciembre a la noche. Tres días después, un lugareño de La Aguadita halló su cuerpo a la vera de un camino vecinal, cerca de la ruta 305. Desde entonces, los investigadores comenzaron una ardua tarea para tratar de encontrar alguna pista firme que les permita dar con los responsables del crimen.
Por diferentes razones, la causa ya tuvo cuatro fiscales. El primero que intervino (y que luego se inhibió por cuestiones de calendario judicial) fue el fiscal Carlos Sale. El investigador solicitó informes a compañías telefónicas de varias líneas que tenía el empresario, tanto fijas como de celulares. El objetivo, lógicamente, era determinar quiénes habían conversado con él en el último tiempo.
La Policía ya recibió una lista con un primer informe. Sobre esta base, en las últimas semanas, personal de la División Homicidios y Delitos Complejos de la Policía, a cargo del oficial Jorge Dip y de los comisarios Hugo Cabeza y Miguel Gómez, entrevistó a unas 30 personas. Todos ellos, según fuentes policiales, son familiares, amigos o clientes del empresario asesinado.
En esas primeras declaraciones, los investigadores no pudieron obtener ninguna pista firme que le sirva para afianzar una hipótesis. Pero sí consiguieron datos que les permitieron conocer más pormenores sobre cómo se manejaba Matteucci.
Entre otras cosas, determinaron que tenía dos aparatos. Uno de ellos había quedado en su casa el día que fue asesinado. El otro desapareció tras el crimen. "Algunos coincidieron en que cambiaba el chip de su celular con frecuencia. Al parecer, esto está vinculado a la actividad comercial que desarrollaba. Mucha gente considera que es una forma más económica de comunicarse", indicó una fuente cercana a la causa. Eso les acarrea otro problema a los policías, ya que no podrán obtener los detalles de algunas de las líneas, si es que no logran determinar qué números utilizó en el último tiempo el empresario.
Mientras tanto, los expertos aguardan los informes de otras dos compañías telefónicas. Estas listas podrían contener nuevos nombres que, a su vez, derivarán en nuevas citaciones.
El sistema
Según fuentes policiales, el detalle que reciben de las empresas de celulares no permite establecer la ubicación exacta desde la que se recibió o efectuó la llamada, salvo que sea una línea fija. "En el informe figura solamente la ubicación de la antena que captó la llamada", afirmaron. Cada antena cubre un radio de unas 20 cuadras, pero esto relativo: cuando una torre de recepción se satura, otra más cercana cubre su función.
De esta forma, por ejemplo, se supo que Matteucci utilizó su celular después de haber salido de su casa. Sin embargo, la persona a la que llamó no tiene vinculación con el caso, según las sospechas de los investigadores.
Aún así, la Policía sigue de cerca cada una de las comunicaciones. Incluso, cada contacto que les parece llamativo origina un nuevo pedido de informes a empresas telefónicas. Esto les permite a los investigadores realizar un entrecruzamiento de llamados, cuyo análisis es complejo, explicaron los especialistas.
Una fuente cercana a la causa dijo que las llamadas pueden tener la pista clave. Pero aclaró que, al tratarse de expertos, no sería de extrañar que hayan tenido la precaución de no dejar rastros si amenazaron o advirtieron a Matteucci.
Aún así, ante la falta de indicios, los policías confían en que los informes les permitan hallar algo que los guíe a los asesinos.